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Sola

miércoles, 18 de julio de 2012 31 comentarios


Cuando me disponía a escribir una nueva entrada -que debía enlazar con la de la semana pasada y ahondar en mis vivencias de estos últimos seis meses-, he recibido el mensaje de una seguidora de este blog al que he querido dar prioridad. Me ha tocado de tal manera, y me parece que lo que expone en su e-mail se suele dar tanto en el mundo del cuidado, que he querido compartirlo con vosotr@s hoy mismo. Esta cuidadora se llama Inés. Omitiré su apellido para proteger su identidad. Inés lleva varios años cuidando de su madre que se encuentra en una fase intermedia-avanzada de Alzheimer. Como siempre, cuando comparto las ideas y sentimientos de alguien, he pulido el texto para darle claridad a su mensaje. Esto es lo que me escribe:

Mi querido Diario, 

No puedo más. Estoy agotada. Soy la pequeña de cinco hermanas y la única que, cuando en su día mi madre fue diagnosticada de Alzheimer, asumió su cuidado a tiempo completo. Yo antes tenía una vida, ¿sabes? Mis aventuras, mi grupo de amigos, vivienda propia (de alquiler) y un pequeño negocio que me daba lo suficiente como para poder vivir con sencillez pero sin preocupaciones. Lo que se dice una vida corriente. Algo aburrida, quizá. Pero era mi vida. Mi vida, mi tiempo, eran míos. Y ahora, no sé qué ha sido de ellos. Intento no quejarme. Aunque en estas últimas semanas lo hago bastante. Me ahogo. Me asfixio. Estoy de mal humor. Y me irrito con facilidad. Supongo que estoy quemada, cansada, sin aliento. Pero, ¿qué otra solución tengo aparte de seguir cuidando de ella? El dinero no da para mucho más que vivir. Vivimos de sus pequeños ahorros, de los pocos que yo tengo -que cada vez son menos-, y de su jubilación y pensión de viudedad. De eso no me quejo. Aunque no pueda pagar a alguien para que esté con nosotras todo el día. Otros lo pasan peor que yo. Estoy convencida. No quiero parecer una desagradecida con lo que la vida me ha dado. De lo que me quejo es de lo sola que estoy, de lo sola que me encuentro. No quiero ingresar a mi madre en una residencia pública o meterla en un centro de día. No deseo verla en ninguno de ellos. No es que no crea que necesito ayuda para cuidar mejor. Es que la ayuda que pido no se me ofrece.

De mis cuatro hermanas, una es la que siempre está dispuesta a ayudarme cuando le es posible. Sin ella, no sé que hubiera sido de mí. Pero su ayuda está limitada por su trabajo, su casa, su marido y su hijo. Bastante tienen ya con lograr salir adelante y con su día a día. Las demás aparecen o llaman cuando quieren, necesitan algo o les parece. Y cuando lo hacen, se permiten sermonearme sobre cómo debo cuidar a nuestra madre; y me aleccionan como si supieran más que yo acerca del cuidado y la enfermedad. 'Sácala más y dale más amor', me dicen. A una, si la vemos tres o cuatro veces al año ya es mucho. Cuando se trata de pedir una tarde libre, tengo que hacerlo con mucha antelación y nunca sé si me la van a dar. Dos horas no es una tarde. Para mis hermanas sí, o eso parece. Porque no me dan más de eso cuando lo hacen. Es triste. A medida que avanza la enfermedad me siento más sola. Me estoy consumiendo por dentro. Cuido con todo mi amor y aún así no considero que eso sea suficiente. Ni para ella, ni para mí. Me siento egoísta por pensar en mí y querer tener un poco más de espacio personal. Hay días que le contesto mal. En ocasiones, le digo cosas terribles -saturada por su comportamiento obsesivo y ansioso- de las que me arrepiento, mientras las veo salir por mi boca como si ésta no fuera mía. Estoy mal. Vivo entre el arrepentimiento y la ira. Entre la felicidad por hacer lo que hago, y la desdicha por sentirme atada a una responsabilidad que cada vez me queda más grande. No sé cómo ponerle freno a este malestar. 

Creo que soy injusta con mi madre. La cuido muy bien y con mucho amor. Me entrego con una dedicación absoluta. Es lo que más quiero en este mundo. Pero no me veo que sea una buena hija con ella desde hace un tiempo. Exploto con demasiada facilidad y eso me parece un problema. No me gusta llorar cada noche por mis feas actitudes, ni sentirme culpable cada día que pasa por ser tan débil e hiriente. Casi cada día acabo por decir alguna cosa que no debería. Y no es que la maltrate verbalmente. Aunque admito con vergüenza que en algún que otro instante me lo haya parecido por la crudeza de unas palabras que me repugnan cuando las verbalizo. Meramente, es que no es justo que ella sea el blanco fácil de mi cansancio y mal humor. Es una víctima. No puede controlarlo, lo sé. ¡Es tan sencillo saberlo y tan complicado recordarlo cuando te domina el agotamiento! También reconozco que a veces, contesto mal por inercia. Y eso es inaceptable y deleznable. Detesto todo lo que no sea cuidar desde el amor más puro, y aún así caigo a menudo y la hiero.

Me duele no tener más paciencia con ella. Me aterra cargar con esa culpa el resto de mi vida cuando ella muera. Necesito aprender a reconectar con el cuidado y el amor, y no sé cómo hacerlo. Luchar con el Alzheimer es horrible. Y sufrirlo como cuidadora es atroz. No soy mala persona. Soy el daño colateral de una enfermedad de destrucción masiva. ¿Cómo recupero el poder? ¿Cómo vuelvo a encontrar un equilibrio? ¿Puede alguno/a de tus seguidores que sean cuidadores, darme algún consejo? ¿Es normal sentir lo que siento? ¿Es normal hablarle mal a veces cuando estás saturada? ¿O me estoy volviendo loca y soy peor persona de lo que creía?

Gracias por leerme y gracias por ser la voz de tantos cuidadores.

Inés.


¿Qué os parece el e-mail de Inés? ¿Qué le podemos decir? ¿Qué opináis? Desde aquí le quiero dar las gracias por su grandiosa generosidad. Compartir un testimonio como el suyo nunca es fácil. Pero es de un valor enorme. Todo testimonio es importante, porque refleja la vida de una persona con sus luces y sus sombras. Y la vida de cada un@ de nosotr@s es igual de valiosa y trascendente. Hay mucho que aún hoy en día nos cuesta expresar a much@s de nosotr@s. El relato de Inés es un reflejo de algunos de los sentimientos, miedos y flaquezas que rodean al universo del cuidador. No somos perfectos. Y debemos vivir y cuidar desde ese principio.

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Un libro gratuito...

miércoles, 24 de noviembre de 2010 0 comentarios


Navegando por internet he encontrado el 'Manual del Cuidador de Enfermos de Alzheimer' disponible para consultarlo de manera gratuita a través de Google. El libro está en formato pdf. A continuación os adjunto el link:


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Os recomiendo...

martes, 23 de noviembre de 2010 0 comentarios


He encontrado un curso para cuidadores de Alzheimer online que puede ser de interés para aquell@s que anden perdid@s o aquell@s que, como yo, estén abiert@s a seguir aprendiendo más sobre el cuidado presente en general y futuro.

Para descargarse el curso uno tiene que pagar con un SMS pero se puede ver el resumen del curso (tema por tema) de manera gratuita pinchando en cada uno de los capítulos listados en el menú de la izquierda.

Creo que encontraréis información que será de utilidad.


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Alzheimer y paciencia - Segunda Parte

miércoles, 17 de noviembre de 2010 0 comentarios




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Alzheimer y paciencia - Primera Parte




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Un artículo que recomiendo...

viernes, 5 de noviembre de 2010 0 comentarios



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Cuidadores octogenerarios

viernes, 8 de octubre de 2010 0 comentarios



Éste es un artículo publicado hoy en la web del Diario Sur y está escrito por la periodista Gema Martínez:

· El 12% de los cuidadores de enfermos de alzheimer son octogenarios · 

Han cumplido los ochenta y tienen a su cargo a personas con una patología que les agota y consume las pocas fuerzas que les quedan. 

La presidenta de la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer, Paloma Ramos, recuerda uno de los casos a los que se ha enfrentado en estos más de veinte años a cargo de la entidad: Él tenía 82 años; ella más de 70. Él estaba en su sano juicio; a ella, ya hacía muchos años que le habían diagnosticado alzheimer; él estaba agotado de tanto cuidarla; ella, físicamente, estaba mejor que él.

«La situación nos preocupaba porque temíamos lo que podía ocurrir, hasta que, efectivamente, él sufrió un infarto. Recurrimos a los servicios sociales comunitarios, que buscaron una residencia para ambos», recuerda Paloma Ramos.

No es un caso aislado. Según los estudios realizados por la asociación, el 12 por ciento de las cuidadoras -el 99% son mujeres- de personas con diagnóstico de alzheimer han cumplido ya los 80 años. Teniendo en cuenta que en la provincia hay unas 20.000 personas con esta demencia y que el 80 por ciento está a cargo de familiares, estaríamos hablando de que más de 2.000 personas octogenarias están a cargo de enfermos con esta grave patología.

«Son personas que están para que las cuiden a ellas; que en muchos casos no entienden la enfermedad; no pueden comprender su mecanismo, y que se desesperan», dice Paloma Ramos.

En base a su dilatada experiencia, la presidenta de la asociación no duda en afirmar que este estado de desesperación lo alcanzan antes los hombres que cuidan que las mujeres que cuidan: «Parece que las mujeres estamos más acostumbradas a aguantar. Muchas cuidadoras aplican de forma extraordinaria la intuición. En cambio los hombres tienen menos herramientas para hacer frente a una enfermedad degenerativa y que puede llegar a durar hasta veinte años hasta el desenlace final». 

El peso principal

En ambos casos y aunque exista una ayuda por parte de la administración o de algún familiar, estas personas que ya han cumplido los ochenta son los cuidadores principales; es decir, son los que asumen el peso de los cuidados: «Normalmente, estos cuidadores piden, o la 'paga' para contratar a alguien por unas horas, o un centro de día, en el que el enfermo está ocho horas. Hasta las veinticuatro horas que tiene un día, restan dieciséis, que recaen sobre la persona octogenaria».

Hace algunos años, la asociación realizó un estudio en el que ponía de manifiesto que, llegados a un punto, los cuidadores se ven obligados a tomar incluso más medicamentos que los propios enfermos de alzheimer: «el familiar se desgasta, pierde su vida y a medida que envejece el enfermo, envejece él. Llega un momento en el que el cuidador está para que le cuiden», asegura Ramos.


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Mi primera entrada...

sábado, 25 de septiembre de 2010 0 comentarios


Habiendo llegado a los casi 1000 seguidores en Facebook, y a un mes escaso del primer aniversario del nacimiento de este blog, me ha dado por mirar atrás. Cosa, que apenas tiendo a hacer ya en mi vida. Cuando eres cuidador/a llega un momento en el que el presente es lo único que importa, el futuro parece siempre incierto y volátil, y el pasado adquiere un cierto aire de sueño del que uno ha despertado ya y prefiere no recordar. Quería volverme a presentar a tod@s aquell@s nuev@s amig@s que han encontrado en este espacio un punto de inflexión en sus vidas como cuidadores/as, un rincón en el que sentirse menos sol@s, y/o una esquinita de la red en la que verse reflejad@s, aprender, o sencillamente desconectar durante unos instantes de la lucha diaria en la que se hayan sumid@s.

Aquí tenéis de nuevo mi primera entrada titulada 'Presentaciones'. Ha llovido mucho desde entonces. Cuando estás inmerso en el mundo del cuidado de alguien con Alzheimer, de una persona con una enfermedad neurodegenerativa o de un ser humano con cualquier otro tipo de discapacidad, doce meses pueden acabar resultando toda una vida.

Presentaciones:

'Ayer me miraba al espejo y sólo veía mi reflejo. Hoy veo a mi madre, al mundo, al universo, y a mí formando parte de todo ello en perfecta armonía.'

Es fascinante, excitante, inquietante y aterrador, lo rápido que gira la rueda de la vida. A veces estamos arriba, y a veces, abajo. En ocasiones todo va bien, y en otras, todo se tuerce o parece ir mal. Pero por suerte, siempre rotamos en ciclos de cambios constantes que, en general, nos ayudan a crecer, aprender, evolucionar, y a ser mejores individuos.

'A medida que superamos los grandes obstáculos del camino, nos sentimos capaces de afrontar pruebas mayores. Y cuánto más nos dejamos fluir para superarlos, más fuertes nos hacemos.'

Si hace dos años, alguien me hubiera dicho lo que estaba a punto de acontecer en mi destino, y lo mucho que iban a cambiar mis prioridades y objetivos, no me hubiera sorprendido, pero tampoco me lo hubiera creído o planteado. Acepto las cosas como vienen, por que para mí, todo tiene un sentido y una razón de ser. Pero no me anticipo en lo que pueda estar por venir en negativo. Actúo desde el presente.

A mediados de Abril de 2008, mi padre murió repentinamente tras una muy breve convalecencia, dejando a mi madre viuda, y a sus ocho hijos huérfanos.

Hoy en día, es raro encontrarse con parejas que hayan compartido más de cincuenta años de vida en común, y sigan vivas y juntas. Mis padres fueron una de ellas, hasta hace un año y medio. Él con veintiseis y ella con diecinueve cuando se conocieron, y con veintinueve y veintidos respectivamente cuando se casaron, se dedicaron cincuenta y cinco años de respeto, apoyo, y amor mútuo incondicional. Y fueron para mí, todo un ejemplo. Aunque fueran humanos y como todos, también se equivocaran.

'Los padres no son perfectos. Los hijos tampoco.'

Cuando él se fue, mi madre entró en un completo -y muy comprensible- estado de shock, en el que omitió a su marido de su cabeza. Más tarde, se estancaría en la negación. Ella había acarreado a lo largo de toda su vida un historial de ciclotímia y angustia anticipada; por las que había sufrido tremendamente. Y el proceso del duelo devino tan duro, que su mente no pudo soportar tanto dolor, y de la noche a la mañana implosionó.

Con la muerte de mi padre lo dejé todo en pausa: mis sueños, mis ilusiones, mis metas, mi casa, mi trabajo,.., y me mudé a vivir con mi madre para que no estuviera sola. Ella no había vivido nunca por su cuenta. Era -y sigue siendo- una de esas personas que necesitaban tener a alguien a su lado constantemente.

La soledad le aterra.

Con la llegada del verano, su conducta y acciones se tornaron un tanto extrañas, y comenzaron a rozar paulatinamente la locura. Esos episodios neuróticos e irracionales, que iban acrecentándose con el tiempo, llegaron a tales extremos, que decidimos consultar con el psiquiatra que la había estado llevando en los últimos doce años, y que además era especialista en pérdidas, para que valorara esos estados.

Al principio todo parecía encajar como signos típicos de un duelo atrasado que, combinados con lo que mi madre tenía ya de por sí, acentuaban sus bajadas, incrementando sus picos inferiores, y llevándolos al límite de la esquizofrenia. Pero por si acaso, recomendó un estudio psico-neurológico y neurológico, con los que descartar cualquier otra afectación.

Los resultados determinaron una perdida de la atención, de la memoria, y de los reflejos mentales; que fueron, de nuevo, atribuidos, al impacto emocional sufrido.

Con un ajuste en su medicación pudimos establizarla, y pensamos que habíamos pasado el bache, y que dejábamos lo peor atrás. Quizás era momento para poder mirar hacia adelante, sanar las heridas abiertas, y lograr una gran requerida tranquilidad.

Pero transcurridos unos meses, la falsa mejora de mi madre, lentamente trazó un marcado declive, y ésta empeoró. Volvimos a hacer estudios. Pedimos cuatro opiniones distintas. Y fue entonces cuando se lo detectaron. Mi madre tenía Alzheimer, y se encontraba en el número 5, de los 7 niveles existentes.

No entraré en polémicas sobre el hecho de que un médico se olvidara de decirme, durante un año, que las pruebas realizadas el verano anterior ya mostraban un nivel 4 de esa enfermedad. Eso ya no me parece importante. Mi madre, y su padecimiento, son lo verdaderemente prioritario y trascendente. No miro atrás pensando en el 'y si lo hubiera sabido antes', por que eso es pasado. Miro hacia adelante centrándome en su calidad de vida, y en la mía.

'Tú deberías hacer lo mismo si sientes que los especialistas han errado o tardado demasiado en diagnosticárselo a tu ser querido. Es muy normal que eso pase. No cometas el error de quedarte estancado en eso.'

Historias como ésta han habido, hay, y habrán, millones, si no cientos de millones, en la historia de la humanidad. De ahí, que mi nombre sea irrelevante. Tan sólo soy un cuidador más. Como tú, probablemente, o alguién que conozcas. Un cuidador sin preparación, ni titulación, que ha tenido que serlo empujado por las circunstancias. Como tantos y tantas, que cuidan de sus mayores afectados de un mal, que sigue siendo tabú y motivo de vergüenza en nuetra sociedad, pero que afectará en un futuro próximo al 50% de la población por encima de los setenta y cinco.

'Yo, como tú, tengo un 50% de probabilidades de contraer algún tipo de demencia, en caso de que llegue a esa edad.'

Hace cuatro días regresé de un viaje relámpago a Londres con la semilla de este blog en mi cabeza, tras haber pasado el fin de semana con una buena amiga de mis años de universidad, que ahora vive en esa mágica ciudad. Han sido mis primeras vacaciones en 5 años, y, aunque cortas, las he disfrutado al máximo.

'Sólo un cuidador sabe lo agotador que puede llegar a resultar, el cuidar de alguien 24 horas al día.'

Preguntándome mi amiga sobre mi vida, y después de hablarle de la situación de mi madre y del rol que yo desempeñaba ahora en su vida, me sugirió el crear un blog, en el que compartiera con todos aquellos primerizos que se dedican a cuidar de un familiar con Alzheimer, lo que he aprendido; y con el que facilitar, información que pueda serles de ayuda.

Me gustó su propuesta. La he meditado. Y aquí estoy. Aportando mi granito de arena y devolviendo algo al universo en positivo.

'De lo negativo puede nacer lo positivo.'

Me he decidido a aventurarme en este mundo de los blogs para intentar crear un espacio en el que los cuidadores 'no profesionales' encuentren un caminito de información y consejos que les conduzca a rutas mayores; sin grandes preteniones, y siempre desde la humildad y el constante proceso de aprendizaje.

'Un cuidador nunca para de aprender.'

Bienvenid@s.

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Revisión neurológica

viernes, 24 de septiembre de 2010 0 comentarios


Mi madre tuvo ayer su revisión neurológica trimestral. Tenemos la suerte de que todo sigue igual y de que las medicaciones (Ebixa -clorhidrato de memantina- y Prometax -rivastigmina-) que toma le están funcionando muy bien. Proseguimos con ellas. Estoy muy agradecido pues sé que somos afortunados, muy afortunados.

A muchos enfermos a estas alturas ya se les retiran por su ineficacia ante el avance del deterioro y, únicamente, a una minoría les producen una mejora. Ella está en esa minoría. Hace dos años, cuando se le diagnosticó un Alzheimer Nivel 5, y debido al rápido avance de la enfermedad, los médicos le daban unos seis meses hasta que estuviera en la fase final del Nivel 7.  Lo que se traducía en que eso era lo que se estimaba que le quedara de vida. Hoy, no sólo no ha avanzado en su proceso, sino que está mejor. Lo cual no quiere decir que la enfermedad no siga su curso. No existe la cura para el Alzheimer. Todavía. Significa que he disfrutado de ella más tiempo del que se podía predecir. Y sigo disfrutando de ella. Hace unos meses mi madre no me reconocía, hacía siete maletas al día, le costaba moverse e incluso una mañana la policía la trajo a casa completamente desorientada después de haber estado dando vueltas en un taxi por la ciudad buscando su casa tras haberse marchado sin decirme nada mientras yo dormía. Hoy, parece otra persona. Se acuerda de cosas que antes no se acordaba y es más funcional de lo que había sido en mucho, mucho tiempo. Está recuperando su sitio en el mundo. 

Desde mi punto de vista, el mundo médico tiene mucho que aprender del hecho de que no sólo somos un cuerpo y una mente. No sólo somos química. No creo que la medicación es la única vía para conseguir ayudar a los enfermos a mejorar. Mi opinión es que son un conjunto de elementos los que deben entrar en juego para frenar el avance de este mal. El poder del cariño, la energía positiva, el empuje, el no tratarlos como a enfermos, el arrastrarles cuando decaen y no permitir que bajen la guardia, el ponerle obstáculos a la enfermedad, el repetirles que están mejor, el hacerles creer en ellos mismos y muchas más cosas, son una gran clave en todo este asunto.

Sé que cada paciente es un universo, que algunos discreparéis con lo que digo, que otros tirarán la toalla antes de haber perdido la batalla, que un gran número de familiares y seres queridos se centrarán en lo científico pero no en lo espiritual, que se les dejará en un sillón sentados todo el santo día, que se les meterá en una residencia o en un centro de día (a veces no por necesidad, sino por no querer dedicarles ese tiempo) y que no se luchará con uñas y dientes contra lo que están pasando. Hay también gente que harán todo lo posible y no verán resultados. También soy consciente de ello. Pero yo me prometí a mí mismo cuando fue diagnosticada, que no iba a perderla en seis meses y eso lo he conseguido. He aprendido tanto en estos últimos meses. He visto que el nadar contra corriente tiene sus recompensas, que las batallas no se deben dar por perdidas hasta que has hecho todo lo posible y más. Y ahora, no sólo no me siguen preguntando los médicos sobre lo que estoy haciendo para que haya mejorado tanto, sino que he logrado que pierda 15 kilos de sobrepeso que tenía, que el colesterol, los triglicéridos y la glucosa hayan bajado a niveles normales, que tenga más movilidad, que no se queje de dolores de cadera y rodillas, que recupere equilibrio que había perdido, que en definitiva se la vea muy cambiada.


No me gusta hablar de sus mejoras. Sé que muchos no las véis en los vuestros. No soy nadie para dar consejos, ni decir lo que deben hacer los demás, ni cómo deben otros llevar la enfermedad de sus seres queridos. Cada persona es un mundo. Tampoco sé cuánto tiempo seguirá mi madre estabilizada. Lo único que sé es que yo me he planteado el cuidado desde otro ángulo y de momento en nuestro caso funciona. No dudéis de su poder interno de lucha, ni del vuestro propio. A veces el poder del amor te lleva hasta donde la medicina no puede.

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Lo que funciona (desde mi experiencia)

lunes, 5 de julio de 2010 0 comentarios


Sabemos que cualquier enfermedad de tipo neurodegenerativo no tiene cura. Esa, de momento, es una verdad inamovible. No nos podemos engañar y pensar que una mejora en nuestro ser querido supone la victoria total sobre el mal, porque no es así. Pero, como bien he dicho anteriormente, cada enfermo es un universo. Y es mi creencia que, dependiendo de como afrontamos y llevamos la enfermedad,  tenemos, en cierta medida, la capacidad de retrasar y frenar un avance que, bajo otras circunstancias, podría ser rápido y devastador. Hoy quiero compartir con vosotros un listado completo de todo aquello, que desde mi punto de vista y siempre desde mi experiencia personal, está ayudando a que en el caso de mi madre, con un Alzheimer que fue de un Nivel 0 a un 5 en el plazo de sólo cuatro meses, el proceso se haya frenado casi en su totalidad. No es una cura. Pero es un relentizar y un ganar tiempo para disfrutar un poco más de ella.

1. Medicación (recetada y supervisada por médicos expertos)

Parches de Prometax (Rivastigmina) 9,5mg

Colinérgico, inhibidor de la acetilcolinesterasa de tipo carbamato. La inhibición de la enzima acetilcolinesterasa facilita la transmisión colinérgica al incrementar los niveles de acetilcolina en diversas regiones cerebrales, dañadas por la enfermedad de Alzheimer. Rivastigmina puede tener un efecto beneficioso en los déficits cognitivos mediados por el sistema colinérgico en la enfermedad de Alzheimer.

Ebixa (Hidrocloruro de Memantina) 20mg 

Reduce el deterioro clinico en pacientes con enfermedad de alzheimer moderada a grave, ayuda a reducir en gran medida la confusión y potencia el efecto de la Rivastigmina.

Zyprexa (Olanzapina) 10mg

Antisicótico que suaviza los estados confusionales.

Alprazolam (Benzodiazepina) 0,50mg

El alprazolam es una benzodiazepina oral para el tratamiento de los desórdenes de ansiedad y la ansiedad en general.

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Los parches de Prometax y el Ebixa han ayudado enormemente a reducir el acentuado y veloz declive de sus capacidades cognitivas. Gracias al Ebixa, los estados confusionales y los comportamientos compulsivos y repetitivos han desaparecido. Si bien es cierto que sólo logran tener un efecto y mejorar a un diez por ciento de los que padecen Alzheimer, vale la pena probar el tratamiento si el médico os lo ofrece. Y en España, la seguridad social los costea íntegramente si el caso del paciente es aprobado.

2. Alimentación
La alimentación es muy importante. Cuánto más fresco y menos procesado sea el producto mejor. La dieta que le hago seguir a mi madre es sana, variada y equilibrada. Y se compone principalmente de fruta, verdura, legumbres, ensaladas, cereales, poca carne roja, pescado, pollo, frutos secos, huevos en moderación, tofu, productos de soja, arroz, pasta, pan integral, queso bajo en grasa, yogur. La cocina la hago siempre sin sal y con poco aceite. Todo lo preparo al horno, hervido o a la plancha. Evito los fritos, el exceso de dulces y la bollería. Controlo los carbohidratos. Establezco cinco comidas al día menos abundantes. Y por supuesto, en su alimentación no entra nada de alcohol, bebidas ácidas o con mucho gas.

Es importante hacer una analítica anual (o dos) para asegurarnos de que ni la glucosa, ni los triglicéridos, ni el colesterol estén por encima de lo normal. Tenerlos altos, para alguien con Alzheimer, puede influenciar a un mayor desarrollo del proceso degenerativo. Y ya sabemos que lo que pierden luego no lo recuperan.

3. Higiene

Otro factor sobre el que hay que estar encima. 

Es fundamental hacerles que se cepillen los dientes dos veces al día y que usen enjuague bucal para evitar infecciones en la boca. Cualquier tipo de infección puede provocar empeoramientos en su estado. Visitas al dentista una o dos veces al año con una limpieza de boca es lo aconsejado. Con tanta medicación que toman tienden a acumular restos de las pastillas en la línea de las encías. Y esos restos las pueden ir comiendo poco a poco y crear recesión.

En el caso de las mujeres es necesario concertar una visita anual con la ginecóloga para que les hagan una revisión. Es imperante tratar las cistitis en cuanto aparezcan con antibióticos recetados por un médico de cabecera. Una cistitis no tratada puede ser muy perjudicial además de molesta.

Y por supuesto la ducha diaria es básica, y el que se pongan ropa limpia y no lleven varios días lo mismo sin lavar. Si sólo se quieren poner las dos mismas faldas o pantalones o camisas o blusas, pues le que se pone un día se le lava por la noche; incluída la ropa interior.

Cuando van limpios con ropa recién lavada se sienten bien, se sienten mejor con ellos mismos.

4. Estimulación

La estimulación es la clave de todo. Cuánto más estimulados mejor. Hay gente que prefiere -o no tiene más remedio que- llevar a sus enfermos a un centro de día. Yo soy partidario de estimular desde casa y en el entorno de la persona. Respeto mucho la labor de los profesionales en dichos centros. Pero yo asistí con mi madre a uno durante dos días para ver si ese era un ambiente bueno para ella, y me pareció deprimente y horrible. Como es comprensible, allí uno ve de todo. De haberla hecho ir estoy seguro que ahora estaría mucho peor. Al salir en ambas ocasiones del lugar me miró y me dijo que si le dejaba ahí empeoraría y se moriría de la tristeza. Y no lo hice. No lo haría.

Las clases de estimulación coginitva refuerzan la memoria y activan el cerebro. Tanto si se las imparte un profesional (que es lo mejor) o si lo haces tú utilizando los muchos cuadernos de trabajo que se encuentran gratis en webs especializadas.

Hay que: Preguntarles constantemente. Darles seguridad y confianza sin estar muy encima o agobiarles. Hablar mucho con ellos. Pedirles que se comuniquen y que no dejen de hacerlo por miedo o vergüenza. Hacer que se sientan integrados en una rutina conocida. Pedir su opinión. Dejarles ser autónomos lo máximo posible. Empujarles a que se esfuerzen. No ponerles las cosas fáciles. No abandonarles en una butaca delante de la tele durante horas y horas, pero sí darles en ocasiones cierto espacio y libertad para que ganen cierto control sobre su vida y decisiones. Estar ahí pero no cogerles de la mano. Exgirles dentro de sus capacidades. Alentarles a que vayan un poco más allá. Vigilarles desde una controlada distancia. Y no tratarles nunca como a enfermos. 

Se les tiene que hablar como si estuvieran bien. Ante todo son personas a las que igual les falla la comunicación pero saben muy bien lo que sienten y lo que quieren.
 
Se les tiene que tener lo más activos mentalmente posible e integrarlos al máximo en todo lo que se pueda.

Y si te dicen que están cansados de las clases y los ejercicios y que no quieren seguir con ello, se les da una pausa para respiren unos días pero no nos detenemos. 

En muchas ocasiones me ha pedido que no le haga hacer más clases. Dice que le cansan mentalmente. Y yo le contesto que eso es gimnasia mental y que es bueno para ella y que es mejor que estar sentada delante del televisor o durmiendo. Para eso ya tiene si quiere el resto del día. Tres horas de clase a la semana repartidas en tres días no es mucho. Pero su cerebro busca la vía fácil. Y yo no estoy aquí para aplanarle el camino a la enfermedad.

Cuánto más se les mantiene estimulados, más obstáculos le estamos poniendo al desarrollo de la enfermedad. Si no estimulamos el cerebro, el Alzheimer tendrá pista libre para hacer con él lo que quiera.

5. El Pensamiento del Cuidador

Pensar en la enfermedad constantemente es malo para tí y para la persona de la que cuidas. Yo no lo hago. Darle vueltas a la pena, el dolor, la pérdida, la tristeza, el deterioro y demás pensamientos negativos no hacen sino generar más de lo mismo y no te conducen a nigún sitio.

Cambia la manera de ver la vida. Se feliz. Disfruta del momento presente con tu ser querido. No pienses demasiado en el mañana, lo suficiente. Vive tu experiencia como un regalo, una lección de aprendizaje, un compartir privilegiado.Y tómatelo con calma y fluye. Esto va para largo. Para qué estresarse y angustiarse.

No sientas remordimientos, ni culpabilidad. Acepta las cosas como vengan. Haz lo que puedas. Vive tu vida. Y pide ayuda cuando la necesites. No te quemes.

6. El Pensamiento del "Enfermo"

No le hables como si fuera un niño. Por mucho que a veces les cueste comunicarse siguen ahí dentro en alguna parte y te entienden a la perfección. Imáginate encerrado en una máquina estropeada a la que le cuesta hacer lo que le pides y que no transmite la información que quieres comunicar correctamente.

Enfatiza las cosas que hace bien sin darle demasiada importancia para que no se sienta examinado. Implántale pensamientos positivos y constructivos. Cuánto más piensen en positivo, mejor estarán. Dales motivos y razones por las que querer estar bien y vivir.

7. El Amor
 
 El amor es otro elemento básico en la ecuación del progreso de la enfermedad. No es lo mismo tener a tu ser querido en manos de otras personas que en las tuyas propias. No es lo mismo que le cuiden otros (por muy bien que lo hagan) que lo hagas tú. El amor mueve montañas y mucha energía. El amor no cura pero estira y empuja. Un enfermo sin amor se marchita como una planta sin agua. El amor les da una vía para seguir peleando interiormente. Es un motivo por el que batallar. Es el sentido de su existencia.

Actúa siempre desde el amor haciéndolo lo mejor que puedas.

8. Todo va bien

Confía en la vida y en lo que tenga que ser será. Piensa que todo va bien. Que siempre podría ser peor. Y que todo tienen su ciclo de ser.
 
9. Lo demás

El ejercicio física les mantiene más activos. Los masajes activan su circulación, les relajan, les hacen eliminar líquido retenido y les reconectan con su cuerpo y las sensaciones positivas. El salir, el ver, el pasear les limpia mucho la mente. No es bueno que pasen horas y horas y horas metidos entre cuatro paredes. El fomentar visitas con viejos conocidos y amigos también es bueno. Todo lo que les haga sentir que su vida no ha cambiado es muy positivo.

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Viernes

viernes, 5 de marzo de 2010 0 comentarios


7:00 - Se levanta. Está inquieta. Se toma las pastillas y se vuelve a dormir.

8:00 - Se vuelve a levantar y mi hermana, que se ha quedado a dormir, la convence para que duerma un poco más.

9:00 - Se levanta y me pregunta cuando me tienen que ingresar y a qué hora hay que ir al hospital. Le digo que no me tienen que ingresar en nigún sitio. Me pregunta si mi padre nos llevará. Le digo que esté tranquila, que no tenemos que hacer nada salvo pasar un día relajado y feliz. 

9:20 - Se vuelve a meter en la cama. Tiene sueño. Aprovecho a resolver unos asuntos.

11: 00 - Masaje estimulante.

11:30 - Vamos al banco y luego a desayunar al sitio de siempre.
12: 30 - Llegamos a casa.

12:30/13:30 - Clase de estimulación cognitiva.

13.35 - Se toma las pastillas. Está con angustia.

13:45 - Se acuesta no sin antes levantarse dos veces para venir a preguntarme lo mismo. Dentro de lo que cabe, está tranquila.

15:00 - Se va la asistenta del hogar y comemos.

15:30 - Se acuesta.

15:40 - Se levanta. Me pregunta por mi padre.

15:50 - Se vuelve a acostar.

16:00 - Se levanta otra vez. Me pregunta cuándo vamos a volver a casa.

16:05 -Se acuesta.

16:15 - Se levanta. Se hace un café. Se acuesta en el sofá. Le pongo la televisión. Y se duerme.

17:50 - Se despierta. Está un poco confusa sobre dónde está.

18:00 - Le llevo a dar un paseo para que reconozca el barrio.

18:30 - Volvemos a casa.

18:30/20:30 - Vemos la televisión.

20:30/21:00 - Cenamos. Y se toma la medicación de la noche.

21:00/21:50 - Vemos una serie que le gusta mientras le entra el sueño.

22:00 - La acuesto. Se levanta un par de veces diciéndome que no puede dejar de pensar. Y finalmente se duerme.

Acaba mi día. Ahora ya puedo desconectar.

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Jueves

jueves, 4 de marzo de 2010 0 comentarios


08:45 - Me levanto. Duerme aún. Aprovecho para hacer cosas.

11:00 - Se levanta. Hoy está soñolienta y cansada. Nos arreglamos para salir.

11:30 - Salimos a pasear y tomar un café dónde siempre. Hoy toca, además, ir a la farmacia y al supermercado.

12:25 - Llegamos a casa.

12:30/13:30 - Mi madre tiene clase de estimulación cognitiva. Mientras, yo dedico ese tiempo para mí.

13:30/13:40 - Acaba la clase. La profesora se va y mi madre me dice que está angustiada, que no quiere hacer más clases, que le provoca ansiedad el tener que intentar hacer bien los ejercicios. Trato de calmarla. Se acuesta un rato. Tiene sueño.

13:45/14:00 - Se levanta. No puede dormir. Está angustiada todavía. Me dice que si salimos por las mañanas entonces se queda sin ver a mi padre, que no tiene forma de ponerse en contacto con él y que se siente que lo tiene abandonado. Se le incrementa la ansiedad y le adelanto el alprazolam de las 15. Se acuesta de nuevo.

14:00/14:45 - Preparo la comida. Hoy tenemos la visita de dos hermanas y mi sobrina. Entre tanto que preparo la comida se sienta en la mesa de la cocina y se pone a llorar. Me pide no hacer más clases, me dice que cada vez tiene la cabeza más espesa, no sabe en casa de quien está, me pregunta si tiene hora ya concertada con su psiquiatra, necesita explicarle lo que le pasa, se cuestiona si lo suyo tiene arreglo y sufre. Le distraigo con el tema de la comida y le digo que no se preocupe, que todos estamos trabajando para que esté mejor.

15:00/15:30 - Llega mi sobrina. Comemos. No habla mucho pero dice estar más tranquila.

15:30 - Se acuesta.

15:35 - Se levanta para decirme que si mi padre viene o llama que la despierte para irse con él. Le sigo la corriente para que se tranquilice.

15:40 - Se acuesta.

15:45 - Se levanta para preguntarme si se ha tomado las pastillas. Le digo que sí. Y se vuelve a acostar.

15:45/18:45 - Duerme.

18:45/19:00 - Merienda y vuelve a comenzar con sus dudas respecto a que esta sea su casa. Una hermana se queda para pasar la tarde con nosotros y relevarme un poco.

19:00/21:30 - Está inquieta y confusa. Se siente deshubicada. Quiere ponerse en contacto con mi padre. Llama a familiares para pedirles que lo busquen y le pidan que la llame. A ratos se sienta con mi hermana a ver la televisión y se tranquiliza, pero a los cinco minutos vuelve a venir a mi habitación para preguntarme cuando nos vamos a Barcelona, cómo podemos localizar a mi padre y qué estamos haciendo en este piso. Es una tarde muy intensa. Durante la cena sigue un poco con lo mismo pero está un poco más tranquila. Se ha tomado las pastillas y le comienzan a hacer efecto.

22:00 - Se acuesta.

22:10 - Me llama con el timbre que le tengo instalado en el cuarto y cuando voy a verla me pregunta si mañana podemos volver a Barcelona. Le digo que sí, que no se preocupe, que mañana iremos dónde ella quiere.

22:20 - Se duerme finalmente rendida por el cansancio mental.

Mañana será otro día.

13 horas más tarde, mi jornada termina.

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Miércoles

miércoles, 3 de marzo de 2010 0 comentarios


09:00 - Nos levantamos. Hoy llueve y mucho. Está tranquila y algo soñolienta por las pastillas. Nos arreglamos.

09:45 - Salimos a la calle y me la llevo conmigo al médico. Tengo que hacerme una analítica como parte de mi chequeo anual.

10:00 - Llegamos al hospital y esperamos en la sala del centro de análisis de sangre.

10:40 - Nos hacen pasar a uno de los boxes. La enfermera que me extrae la sangre conoce a mi madre desde hace años y le tiene mucha estima. Delante de ella me dice que es una pena verla como está. Prefiero no decirle lo poco sensible e inteligente que es por decir algo así pensando que mi madre no se entera. Que tenga Alzheimer no significa que es una planta. Me quedo con las ganas de soltarle algo.

11:00 - Tengo piscólogo en el mismo edificio. Dejo a mi madre en la sala de espera. Entro y hago mi sesión. Hoy corta. Estoy bien y no tengo mucho que contarle a mi médico. 

11:35 - Desayunamos en la cafetería del hospital. Me pregunta si vamos a volver al hotel en el que hemos pasado la noche a recoger su ropa. Le digo que hemos dormido en casa y que no se preocupe, que todo lo tiene ahí.

11:50/12:30 - Tomamos un taxi. La conductora me llama la atención por haber hecho subir a mi madre primero para luego entrar yo. Le contesto muy friamente y le digo que si lo he hecho ha sido para sujetarle el paraguas para que no se mojara. Le suelto que me ocupo de ella 24 horas al día cosa que muchos hijos no hacen y que se reserve los comentarios para ella y no hable sin conocimiento de causa. Vamos al Centro de Asistencia Primaria. La dejo en el taxi mientras subo a entregar las recetas que me hicieron ayer y que tienen que validar. Tardarán una semana en hacerlo. Vuelvo al taxi y nos vamos a la farmacia de al lado de casa para recoger los parches de Prometax. Me dicen que estarán a las cinco. Caminamos a casa. Y a los dos minutos llega la profesora de estimulación cognitiva.

12:30/13:30 - Mi madre tiene clase y yo mientras aprovecho para hacer llamadas, mandar algún mail, poner un lavaplatos, limpiar la cocina y relajarme unos minutos. Hoy he dormido tan solo cuatro horas y estoy bastante cansado. Me reservo las energías. Con este tiempo estoy seguro que va a tener una tarde movida. Conozco muy bien como funciona su cerebro en días como el de hoy.

13:30/16:00 - Se acuesta y duerme. Está cansada del movimiento del día. Aprovecho para solucionar temas pendientes. Cuando se despierta mira por la casa y me pregunta dónde están los demás. Le quito importancia y le digo que estamos los dos solos.

16:00/17:00 - Tiene hora de deporte con el preparador físico para reforzar articulaciones y no perder masa muscular.

17:30/19:00 - Recogemos sus parches en la farmacia. La llevo a dar una vuelta por el barrio y a tomarse un café a su sitio de siempre.

19:00/21:00 - Vemos la televisión. Recibe un par de llamadas de sus amigas. Y dormita. Fuera llueve.

21:00/21:30 - Cenamos yogur y fruta. Le preparo la medicación de mañana.

21:50 - Estamos cansados. Se va a la cama. Y se duerme.

Acaba mi jornada un poco antes de lo habitual. Hoy podré descansar bien y disponer de un par de horas para mí.

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Martes

martes, 2 de marzo de 2010 0 comentarios


08:45 - Nos levantamos.

09:10 - Se pone a buscar el número de una casa en la que vivimos hace 20 años, en el listín telefónico. Le digo que esa no es su casa, que ya no vivimos ahí. Me dice que tengo razón y abandona la idea.

10:00 - Salimos de casa. Damos un paseo por el barrio. Hacemos recados. Y desayunamos en el mismo café de siempre.

11:31 - Llegamos a casa y se acuesta porque está cansada y en una hora tiene clase de estimulación cognitiva.
12:30/13:30 - Clase de estimulación cognitiva.

13:30 - Preparamos juntos la comida. Pollo en salsa con verduras, ensalada, arroz basmati y flan.

14:45 - Comemos. Hoy inusualmente tarde debido a que es el día que mi sobrina viene a comer y tenemos que esperar a que llegue del colegio.

15:30 - Acabamos de comer. Me pide hablar a solas conmigo. Me dice que le gustaría que le fuéramos llevando cada semana por las zonas de la ciudad en las que ha vivido en el pasado para poner sus recuerdos en orden. Es consciente de que se le mezcla el presente con el pasado y tiene una voluntad por luchar y poner sus ideas en orden que no había visto en ella en tiempo. Está tranquila. 

15:45 - Se acuesta un rato para intentar hacer un poco de siesta.

16:45/18:00 - Se levanta. Está desconcertada. Insiste en que quiere ir a su casa con mi padre. Se siente deshubicada y confusa. Niega que esté en su casa o en Barcelona. Cualquier intento de racionalización es nulo. 

18:00/21:15 - Una hermana que ha venido de visita la saca a pasear. Mientras yo voy a la farmacia con la nueva receta electrónica a buscar parches de Prometax que se habían acabado y me dicen que la receta aún no está aprobada. Vuelvo a casa. Llamo al Centro de Asistencia Primaria de la zona. Me dicen que vaya para que me hagan una receta manual. Voy con mi madre y mi hermana. Espero una hora y cuarto. Me hacen la receta. Voy a la farmacia de siempre para que me vendan el Prometax sin receta ya que la receta tarda unos 3 o 4 días en ser validada. La farmacia me cierra la puerta en las narices. Es noche de inventario. Me voy a la farmacia más cercana que está a diez minutos andando. No tienen los parches. Llaman a otra que está abierta en la zona. Tampoco la tienen. Vuelvo corriendo a la primera y les ruego a través del cristal que me abran. Me abren. Y no tienen los parches. Todo esto corriendo. Llego a casa sin haber conseguido los parches. 

21:30 - Cenamos. Estoy reventado después de correr de un lado a otro desde las 18 horas. Espero una noche tranquila y que mi madre se vaya a dormir sin problemas.

23:30 - Está cansada. Se acuesta. No sin antes pedirme que le ponga todos los teléfonos de familia y conocidos en su agenda. Aunque ya los tiene escritos en 3 sitios diferentes. Finalmente acaba mi jornada después de casi 15 horas.

01:10 - Acabo esta entrada y tengo exactamente 50 minutos para relajarme antes de irme a dormir.

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Lunes

lunes, 1 de marzo de 2010 0 comentarios


08:45 - Me levanto. 

09:00 - Llega la asistenta del hogar.

09:30 - Se levanta mi madre. Está un poco confusa. Algo que nos es habitual en sus mañanas. Le habla a la asistenta de usted como si no la conociera aunque lleva ya muchos años trabajando para mi madre. Se pone a buscar el número de teléfono de su casa en el listín telefónico para llamar. Hablo con ella y le digo que se tranquilice, que se vaya arreglando y que cuando me haya arreglado saldremos a dar una vuelta. Mientras me ducho llama a una hermana para decirle que quiere volver a Barcelona. Ya estamos en Barcelona.

10:30/12:30 - Damos un paseo. Tomamos un café en la cafetería del barrio a la que va durante años y dónde la conocen mucho. Eso le ayuda a situarse un poco y estar más tranquila. Hacemos recados varios por toda la ciudad. Me dice que tiene sueño y que está un poco atontada por las pastillas. Lo que sí suele ser normal.

12:30 - Llegamos a casa. Está cansada. Tiene sueño y se acuesta.

12:45 - Se levanta sin haber podido dormir. Me pregunta por sus padres. Quiere verlos. Le digo que hace años que fallecieron. Se pone a llorar. La acuesto un poco.

13:15 - Se levanta. No ha dormido. Me pregunta si vamos a comer ya. Me vuelve a preguntar por sus padres. Se sienta a mi lado y me pregunta dónde está mi padre. Dice que tiene un vacío, que se siente aislada y sola. Con tono tranquilizador le digo que hay que asumir el que él no esté. Que no se puede quedar estancada en un duelo no resuelto. Que la vida son ciclos. Que todos nacemos y morimos. Que a él le llegó su hora. Y que nosotros aún tenemos un camino por recorrer. Le aseguro que no está sola. Le pido que se centre en aquellas pequeñas cosas de la vida que le aportan felicidad y satisfacción. Le aconsejo que piense en positivo. Que luche. Que valore todo lo que tiene, como sus ocho hijos y sus cinco nietos Y que no sufra. Es fácil decirlo. Lo sé. Se vuelve a su habitación.

13.30 - Vuelve a buscarme. Me dice que ha perdido libertad, que le gustaría hacer cosas por su cuenta, que no entiende por qué tiene que ir a todos los sitios acompañada, que le gustaría entrar y salir a sus anchas y hacer lo que a ella le apeteciera sola. Le contesto que está en un momento de su vida en la que está baja emocionalmente y que por lo tanto para evitar que puede confundirse por la calle en un momento determinado o caerse pues le fallan un poco las rodillas, es mejor que le acompañe siempre a dónde ella quiera ir. No es lo mismo dice. 'No soy como la de antes. Me veo incapaz de hacer las cosas solas. No estoy bien. Lo noto'. Llora un poco. La intento calmar. Le aconsejo que se deje ayudar, que busque la felicidad, que esté tranquila y que trate de no pensar en el pasado y centrarse en el hoy. Le falta mi padre me dice. Quiere que las cosas sean como antes. Y le contesto que la vida está llena de etapas y cambios, y que ahora debe habituarse y adaptarse a una vida sin él. Se vuelve llorando a su habitación, dejándome como siempre con ese sentimiento de impotencia por no poder vivir esta enfermedad por ella.

14.00 - Preparo la comida. Hoy toca pizza de ajos tiernos y huevo, y ensalada variada con semillas de lino y glaseado de balsámico. De postre helado de yogur. Está más calmada.

15:00 - Llega su profesora de estimulación coginitva.

15:00/16:00 - Tiene clase. Aprovecho a descansar un poco y contestar mails atrasados.

16:00 - Acaba la clase de estimulación cognitiva y está cansada del esfuerzo mental que ha tenido que hacer. Se acuesta un poco pero no consigue dormir. La cabeza no le para de dar vueltas.

17:10 - Salimos de casa. Damos una vuelta por el barrio para que se sitúe. Paramos de nuevo en su cafetería habitual para que meriende y nos vamos al hospital a hacerle una visita al traumatólogo y que nos de los resultados de una gamagrafía ósea. Nos hacen esperar una hora, lo que le agota.

19:30 - Llegamos a casa. Se sienta y me habla de que quiere hacer un esfuerzo por luchar y mejorar. Volvemos a hablar de la importancia de que encuentre pequeñas actividades que le aporten ilusión a su vida y le motiven. Se siente dependiente y baja emocionalmente. Llora. Quiere estar bien. Y se pregunta constantemente como plantearse su vida a partir de ahora. Hoy tiene un día lúcido. Lo que es señal de que sigue aferrándose a su parte racional y consciente. Sufre. Pero me da las gracias por no dejarla sola y estirar de ella.

20:30 - Deambula por la casa aburrida, sin saber que hacer. No quiere ser un obstáculo en mi vida, dice. No quiere tenerme atado a su situación. Y sigue con ese empeño en intentar estar bien y centrarse en los aspectos positivos de su existencia. Hoy está pensando con mucha coherencia.

21:00 - Cena. Ensalada de lentejas con atún y patatas al horno. Me pregunta por el cómo es que mi padre nunca cena con nosotros. Siempre desaparece a esta hora, afirma. Le explico que hace dos años casi que ya no está con nosotros. Se me queda mirando y suelta un 'tienes razón'. Hoy tenemos visita de una hermana que se queda a cenar, por lo que la charla se hace amena y está sonriente y entretenida.

22:45 - Se pone el pijama y le acuesto. Me da las gracias por todo y un beso.

23:00 - Acaba mi día. Eso sí, no sin antes asegurarme de que se ha dormido.

Mi jornada ha sido hoy de 14 horas. Finalmente puedo desconectar y centrarme en lo mío. Buenas noches.

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5 días


Esta semana quiero hacer algo distinto. 
 
Hoy me he levantado sin saber muy bien que ofreceros y no quieriendo repetir más de lo mismo o centrarme en temas muy espirituales. 
 
Quiero plasmar algo que quizás no he hecho del todo desde que inicié este blog: plasmar punto por punto, momento por momento, como es el día (o mejor dicho la semana) de un cuidador.

Cada día tendrá una única entrada, que en general serán más largas de lo normal puesto que me llevara el día entero para redactarlas. Y serán publicadas poco después de que mi madre se duerma. Así me aseguraré de haber reflejado el día a día de un cuidador tal y como yo lo vivo.
 
Espero que a alguno de vosotros le pueda ser de interés. Prometo seguir agregando colecciones de fotos de las que os gustan y música. Gracias a los que muestran interés por este blog.

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jueves, 25 de febrero de 2010 0 comentarios


Esta entrada está dedicada a aquellos cuidadores que me escriben con dudas y preguntas. Aquí os expongo algunas de ellas para intentar crear un poquito más de interacción y conseguir que los asiduos al blog las contestéis desde vuestras experiencias y viviencias. Yo no soy un experto, y creo que hay muchos de vosotros que llevaréis un mayor recorrido que yo en esto del cuidado.

1. ¿Es normal perder la paciencia y los nervios en momentos determinados en los que uno está cansado o bajo de energía?

2. ¿Cómo puede evitar uno/a llegar a ese extremo?

3. ¿Cómo se consigue dominar ese impulso de contestar mal en un momento determinado cuando el contar hasta diez no funciona?

4. ¿Cuánto dura el duelo y en qué momento comienza?

5. ¿Hay vida después del cuidado?

6. ¿Cómo se va despidiendo uno del ser querido?

7. ¿Se llega a aceptar la pérdida antes de que la persona fallezca?

8. ¿Como vivo paralelamente mi vida al cuidado que ofrezco sin sentirme culpable?

9. ¿En qué momento deja uno de sentirse que sobre-protege al enfermo y tiene claro que sencillamente está velando por su seguridad?

10. ¿Se comunican de alguna manera cuando parece que están completamente ausentes?

11. ¿Siente algún cuidador principal el miedo de potenciar la enfermedad al dejar al enfermo al cuidado de otro familiar -o persona cercana- para irse uno un par de días de vacaciones?

12. ¿Cómo le alivio el sufrimiento cuando es consciente de que está perdiendo facultades y se pone a llorar?

13. ¿Hay algún truco útil para introducir poco a poco a otr/a cuidador/a y hacer que el enfermo lo acepte?

14. ¿Cómo consigo que la persona de la que cuido me deje ayudarle en los momentos del aseo?

15. ¿Pasan todos los enfermos por fases de agresividad y de querer escaparse de casa o hay enfermos que no tienen que pasar necesariamente por eso?

16. ¿Se levantan de noche por lo habitual todos los enfermos o los hay que no entran en ciclos inversos del horario del sueño?

17. ¿En qué momento se les deja de dar medicación -parches de rivastigmina, ansiolíticos, anti-psicóticos-?

18. ¿En qué fase dejan de mostrar sufrimiento?

19. ¿En qué fase pierden totalmente la conciencia? ¿Hay algún signo previo a ello o es un proceso lento y paulatino?

20. ¿Hay alguien que teniendo a su familiar en un nivel 7 sigue cuidándolo en casa? ¿Es posible mantenerlos en casa hasta el final?

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Como diría Garfield: Odio los Lunes

lunes, 1 de febrero de 2010 0 comentarios



Hoy me he levantado y directamente me he tomado dos alprazolams (es el genérico del trankimazin, un ansiolítico). Necesito ir un poco "chutado" - o amortiguado- para afrontar este principio de semana. Es lunes y hoy nada más despertarme se me estaba haciendo todo demasiado cuesta arriba. Me hubiera pasado la mañana en la cama, como si nada más en el mundo existiera más que el universo de mis sueños.

El otro día se me acabaron las pastillas que me recetan para dormir y por una cosa u otra, siempre me acabo olvidando de acercarme a la farmacia para ir a por más. Lo que se traduce en que paso unas noches fatales de insomnio y me levanto más cansado nunca. La otra noche me pasé el rato soñando que asistia a mi madre, por lo que a veces, ni durmiendo puedo desconectar de mi actividad y rutinas diarias. Y no te digo nada, si te has pasado 14 horas atendiendo sin parar a un enfermo y cuando te duermes finalmente lo haces para soñar que estás desempeñando el mismo trabajo. ¿Cómo se supone que uno puede levantarse fresco y descansado después de eso?
Cuando mi madre se acuesta entre las 21.30 y las 00.30 (dependiendo de su estado de actividad mental y sus obsesiones) es cuando tengo tiempo para mí; para poner lavaplatos, lavadoras, secadoras, ordenar la casa, gestionar mis temas personales y poder ver alguna películita que me apetezca o escuchar música. Por lo que me acaban dando las 2, 3 o 4 de la madrugada. Y claro, mi madre a las 8.30/9am ya está en pié. Por que ella sus 10 horitas las ha dormido y tiene ganas de movimiento. Pero el cuidador siempre va arrastrando un cansancio difícil de eliminar.

Antes hacia mis sesiones de meditación, visualización, relajación y conexión con el universo. Otros rezarán, leerán la Biblia o el Corán o El Secreto, o cualquiera de esos libros rollo el poder del sí, el hoy está en tus manos y derivados. Yo ya no tengo tiempo ni para eso.

Y sigo con mis ciclos de dormir una media de 5 horas diarias. A lo que ya estoy acostumbrado, por qué sufro de insomnio desde que era una bebé y mi madre se tenía que pasar la noche paseándome por la casa de arriba a abajo hasta que al final caía rendido.

Lo curioso es que me psicólogo me ve bien, me dice que en principio no tengo nada, ni estoy apático, ni estoy deprimido, ni estoy quemado, ni tengo el síndrome del cuidador. Me ve centrado, con la cabeza muy bien amueblada y como una persona muy racional y estable. Aunque tenga que recurrir como en días como hoy, a ir con una buena dosis de ansiolíticos en el cuerpo. ¡Ojo! Que eso no me convierte en un mal cuidador ni mucho menos. Ni que busque vías de escapismo químicas.

Sencillamente voy a él para intentar que me ayude a buscar la felicidad. Porque llevo años que no he sentido ni una pizca de ella -desde que murió mi padre-, por muy positivo que afronte la vida, y eso es lo que me preocupa. Quizás mi segundo libro se centre en la búsquedad física, emocional y espiritual de la felicidad. El primero trata de un pasado en el que la vida parecía un campo lleno de grandes posibilidades y opciones expuestas a mi disposición para tomar de ellas la que quisiera.

Ahora mi vida no es mi vida. Mi vida le pertenece a mi madre. Y aunque suene duro lo que pueda decir, a veces pienso que apenarme por la situación de mi madre cuando con casi 77 años ha vivido una vida llena de grandes acontecimientos y experiencias no tiene sentido. Cada uno vamos a acabar de alguna manera u otra. Y todos tenemos una vida que vivir. Yo con 35, apenas a empezado a labrarme un futuro que me haga sentir que tengo una cierta estabilidad entre mis manos y un cierto control de decisión sobre lo que quiero o no.

El día que no tenga a mi madre, admito, que tampoco tengo claro por donde acabaré tirando.
Soy demasiado pragmático, realista y frío. Como ya he mencionado en entradas anteriores.

Os escribo sentado en la mesa de la cocina. Mientras mi madre se come un plato de estofado que le he preparado y un yogur ecológico con mermelada de fresa sin azúcar. Esta noche toca tofu con verduras, ensalada y fruta. Después de cineasta y escritor, hubiera querido ser chef, así que lo que respecta a la alimentación, come como si esto fuera un restaurante de cinco tenedores. Y la calidad de vida que tiene es lo que menos me preocupa, porqué lo que es vivir con calidad de eso no le falta.

Hoy es uno de esos días. No malo para ella, si no malo para mí. Y cuando tiene uno un día así, salvo el psicólogo al que le pago por escuchar mis problemas y desahogarme una vez a la semana, ¿quién se detiene a preguntarle al cuidador cómo se encuentra? Al fin y al cabo todos tenemos problemillas en nuestras vidas: el trabajo, los gastos, los hijos, la casa, etc...

No tiendo a quejarme. Nunca lo hago. Y por eso, que a veces, y egoístamente -o por supervivencia emocional- desee que mi madre llegue a ese punto en el que no se entere de nada y pueda tenerla vegetando en una butaca sin que me de muchos dolores de cabeza. Aunque esos pensamientos no sean lógicos y surjan del sentirse que a veces estás rozando unos límites que si no tienes cuidado pueden acabar llevándote al borde del precipicio psicológico. 

Hoy es uno de esos días en los que he abierto los ojos en la cama y me he dicho: 'Estoy agotado'. Y me he levantado de mal humor. Y le contestó mal a mi madre, porqué que de buena mañana y recién levantado -y más si estás cansado- te hagan entrar de golpe en su mundo de obsesiones, fijaciones y paranoias es realmente duro.

Hoy he tenido que volver a cancelar visitas médicas que me habían dado hace un mes. Revisiones rutinarias muy importantes por que acarreo ciertas enfermedades crónicas desde que era pequeño de corazón y de hígado. Me operaron del corazón con sólo cinco años, y durante la operación, toda la sangre que recibí de la transfusión estaba infectada por el virus de la Hepatitis C. Por lo que necesito revisiones anuales, a las que no acudo desde que cuido de mi madre por que siempre salen imprevistos que me hacen renunciar a lo mío por asegurarme que sus necesidades están bien cubiertas.

Un cuidador se encuentra muchas veces en la situación de tener que dejar de lado sus gestiones y asuntos en pro del enfermo del que se ocupa. Y eso es una de las cosas que a veces más me sacan de quicio. ¿Hasta dónde sacrificamos nuestra propia salud o necesidades por la de aquel o aquella de quien nos encargamos?

Ya os adelantaba que este blog va a ir derivando en algo más personal si cabe, y en adoptar una identidad única que pueda ofrecerle algo diferente a aquellos cuidadores que buscan una visión o enfoque menos científico.

Este entrada supongo que chocará a algunos. Como ya indico en la presentación del blog, no soy un héroe. Más bien siempre he desempeñado en mi vida el papel del anti-héroe existencialista. Por lo que haberme convertido en un "salvador" es un papel al que me cuesta acostumbrarme. 

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Pregunta abierta...

sábado, 30 de enero de 2010 0 comentarios


En relación con el Alzheimer, el amor, el sacrificio, la demencia, el olvido, la memoria, el duelo en vida, el deterioro cognitivo, las enfermedades degenerativas mentales y el papel psicológico de los cuidadores, ¿qué diez preguntas le harías a Eduard Punset si lo tuvieras delante?

Escogeré las nueve mejores. La décima la añadiré yo y será elegida a votación vuestra.

Prometo intentar que nos las conteste.

Espero vuestras ideas y participación lo más pronto posible.

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Mundo Abuelo

miércoles, 20 de enero de 2010 0 comentarios


Esta es una web fantástica que todos los cuidadores que estéis en España deberíais guardar en vuestros favoritos. Os recomiendo esta tienda on-line especializada en todo tipo de productos que nos ayudarán a mejor la calidad de vida de nuestros seres queridos. Aún no he realizado ninguna compra con ellos pero no dudo en que en breve lo haré. También he agregado el link en el listado de 'Enlaces Útiles'.


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