Una imagen para el recuerdo

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En 20 Minutos...

[ martes 9 de febrero de 2010 | Comments ]


Necesito vuestra ayuda. 'Diario De Un Cuidador' ha sido aceptado dentro de la sección de blogs de la web del periódico '20 Minutos', llamada 'La Blogoteca'. Adjunto el link a continuación. Os agradecería si tenéis unos segundos para votar por mi blog. 

Gracias a todos!


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Una canción...

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Algunos de sus mares...

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Navegan (en imágenes)

[ lunes 8 de febrero de 2010 | Comments ]

 

  

  

  

  

  

  

Fuente imágenes: Stock.xchng

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Navegan

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Habiendo hecho sus maletas, y colocado sus más preciadas y dispares pertenencias en improvisados hatillos y fardos, confeccionados con las sábanas de sus camas, los pañuelos de sus cuellos, o lo primero que encuentran a mano, se embarcan en viajes sin retorno por los mares de su memoria, rumbo a la puesta de sol del horizonte de su persona. 

Cautivados al principio, como niños confiados que no saben nadar, por los cegadores y resplandecientes destellos del sol jugando sobre la superfície de la quieta, incitadora y falsamente segura y firme plana superfície. Atemorizados después, como los chiquillos que parecen volver a ser.

Con sólo un billete de ida, ganado previamente en un peculiar sorteo, se montan en barcos que poco a poco les irán alejando de la orilla. Dejándonos, sin ellos saberlo, atrás. En tierra firme.

Se suben sin ser conscientes de los peligros que ello conlleva, ensimismados por la exitación del momento. Y mientras zarpan, se dan cuentan durantes esos breves instantes en los que un grumete eleva el ancla y las velas se desplegan, de que no estamos a bordo con ellos.

Al percatarse de que se marchan para no regresar, cambian de opinión y tratan de bajarse. Pero es demasiado tarde ya. La embarcación ha partido con ellos. Y no volverán a pisar el suelo más.

Desde cubierta intentan llamar nuestra atención y nosotros la suya, pero nadie puede hacer nada al respecto. Salvo el ir caminando paralelamente al barco, mientras éste costee nuestro continente, y mantener el contacto visual.

Nevegan. Navegan hacia su olvido, que no es el nuestro, surjando los mares de su memoria hasta los confines de sus recuerdos.

Y apenados por su lejanía y resignados por obligación, recordamos por ellos lo que fue, una vez, andar por los prados y las selvas de la vida y la conciencia.

Fuente imagen: Stock.xchng

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Cuidatel: Vivir Cuidando

[ viernes 5 de febrero de 2010 | Comments ]



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La quietud

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Hace un par de días me encontré con esta foto mientras navegaba buscando imágenes por Google, y me gustó tanto, que me la guardé esperando la ocasión para hacer buen uso de ella. La relacioné tan directamente con esos breves momentos de los que como cuidador puedo disponer para mí, que debía, de alguna manera, encontrar el modo de integrarla en este blog y plasmar ese sentido. Esta es quizás la primera vez que redacto una entrada alrededor de una foto. Siempre hay una primera vez para todo.

Cada uno podría darle a esta fotografía una interpretación propia y entenderla diferentemente. Unos la asociarían con la tristeza, la soledad o la melancolía, otros, con la introspección, la evasión o la asfixia. Yo la relaciono con la quietud. 

Con esa quietud que internamente alcanzo, cuando al final del día, tengo a mi madre completamente dormida, y sé, que puedo ponerme los cascos con el iPod sonando a todo volumen con los temas que antes me inspiraban a soñar, y tumbarme en la cama a escribir o leer, estando seguro de poder bajar la guardia por completo y desconectar de ese estado de alerta permanente en el que me parece hallarme. O cuando estando alguien entreteniéndola, me sumerjo en la bañera como hace este hombre, con el agua bien caliente, para durante unos minutos, no oir nada más que el silencio, el latido de mi corazón y mis propios pensamientos. 

Los placeres en la vida de un cuidador se componen de esos pequeños momentos. Se miden desde el lujo de tener la oportunidad de hacer uso del tiempo propio. Y la quietud, en esta etapa de la mía, significa el rencontrarme conmigo mismo. 

El enfermo olvida quién es pero el cuidador olvida quién ser.

Conseguir ser y estar contigo mismo y sentirte en control de tu rumbo sin perder tu identidad, es lo más difícil de hacer encajar dentro del papel que desempeñamos. Pero hay que hacerlo. Su vida no es tu vida. Tú escoges dedicar tu vida a hacer la suya mejor, en ocasiones uno es empujado a ello sin lograr optar a negarse, pero aún así tu vida y bienestar tienen la misma importancia que los suyos.

El cansancio y la quietud. La lucha y la paz. El movimiento y la tranquilidad. La tempestad y la calma. Entre ese ying y yang me muevo. 

Y la quietud, mi quietud, ese derecho propio a dedicarme a mí, es lo que a diario me suele pedir mi espíritu. Y se la doy, por qué es importante hacerlo. Aunque casi nunca pueda dársela cuando él me la requiere. 

Vuelvo a mirar esta imagen y no me canso de hacerlo.

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Etta James

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Como muchos ya sabréis, Etta James padece de Alzheimer. Desde aquí le enviamos fuerza en su batalla personal contra la enfermedad. Os dejo aquí uno sus mejores temas: 'I Just Wanna Make Love To You'.


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Un libro que recomiendo...

[ jueves 4 de febrero de 2010 | Comments ]


'Oricalco' es la nueva novela de Julio Murillo Llerda, que se publicará el próximo 13 de Abril en España. El autor, que ha sido finalista y ganador del premio de novela histórica Alfonso X El Sabio por sus obras 'Las Lágrimas de Karseb' y 'Shangri-La' respectivamente, nos presenta esta vez, una trepidante historia de misterios, secretos y antiguas leyendas relacionadas con la mítica Atlántida, que hará las delicias de todo lector. 'Oricalco' será publicada por la editorial MR Martínez Roca/Planeta. 

Gracias a Julio por darme la exclusiva del diseño de la cubierta. Hoy mismo ha salido del departamento de diseño de la editorial.

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La Belleza

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Me encuentro ya en el punto, creo yo, tras tantos días de movimientos en los que sigo sumergido, en el cual me puedo sentar con calma sin sentir que voy corriendo con la lengua fuera y contra reloj, y centrarme en retomar aquel concepto de belleza del que hablé en una entrada pasada, y en la que prometí que dedicaría un post completo para poder explicarme mejor.

En mis 35 años de vida he vivido mucho y he visto muchas cosas, como la mayoría de vosotros supongo. He conocido el éxito y el fracaso personal y profesional. He pasado por experiencias increíblemente fantásticas y por otras tantas, o más, duras de tragar. También como todos. No soy una excepción. Por suerte.

Con todo esto, quiero decir que la vida nos lanza pelotas contínuamente y nos presenta con nuevos retos y obstáculos, intentando aleccionarnos sobre lo que es realmente importante en nuestro existir. Y estas clases magistrales de absoluto enriquecimiento espiritual, en ocasiones, se nos ofrecen recubiertas de exquisito chocolate, y en otras, de pura hiel. Y por mucho que nos gustaría quedarnos sólo con las que nos endulzan el paladar y dejar en el plato las que nos cortan el apetito, no tenemos más remedio que comérnoslas todas si queremos sobrevivir; físicamente hablando, claro. Por que a la vida y por vivir, no se le puede hacer ascos a nada.

Vivimos en una sociedad rápida en la que el culto a la imagen, a la juventud, a la salud, al Photoshop, al perfeccionismo en todos las aspectos más triviales, físicos y materiales, nos llevan a encarrilar, aborregados, nuestros caminos hacia metas u objetivos tristemente livianos e irrelevantes. Y también, a adoptar, por lo tanto, una visión distorsionada del concepto universal de lo que es o significa la belleza.

Como diría Roberto Benigni: La vida es bella. 

Perdonad el que no haya visto la película. Soy uno de los pocos que no lo habrán hecho. Pero es que hay un punto en la hiperfelicidad de este gran cómico italiano, que me produce un rechazo total. No lo soporto. 

Volviendo al tema, es desde esa creencia de que la vida es en sí el canon universal inapelable de belleza, del que parte la afirmación que hice el otro día, en referencia a que la veo en el proceso degenerativo de mi madre. 

Todo lo que forma parte de la vida es bello. Tanto el nacimiento de un bebé, como la muerte de un ser humano.

Recuerdo la muerte de mi padre con belleza. Eliminando el concepto de pena y de pérdida, el frío entorno hospitalario, y el miedo a estar delante de un moribundo -pues nos recuerda que somos mortales y que algún día estaremos nosotros en ese mismo lugar-, el ser partícipe del final del ciclo de su vida, era el ser partícipe del milagro de la vida y de la naturaleza. Porqué desde mi percepción, todo ello, todo proceso, todo momento, todo lo que se construye o deconstruye, todo lo que nace o fallece, es hermoso y contiene una belleza incalculable. Formamos parte del círculo de la vida, de un todo, de una unidad. Somos piezas de un puzzle inimaginable. La vida es nacimiento, crecimiento, madurez, salud, vejez, enfermedad y muerte. Con todo lo que ésta conlleva. Y la vida como tal, es perfecta en cada uno de sus sentidos, intenciones y acciones. Millones de estrellas nacen a diario y millones mueren a diario. Millones de seres nacen a diario y millones mueren a diario. Millones de células nacen a diario y millones mueren a diario. En toda la infinidad de un universo que lleva existiendo miles de millones de años. Ochenta años, por media, representan nuestra existencia física en él.

Viendo la vida desde una perspectiva tan amplia, y con el gran angular del cosmos como referencia, para mí, no hay nada en lo que no encuentre belleza.

El Alzheimer es horrible. No digo que no. El sufrirlo es espantoso. Como lo es el padecer de cáncer, sida, algun tipo de parálisis, discapacidad, enfermedad crónica o demás dolencias o situaciones negativas que nos podamos imaginar. Más trágico que el que mi madre tenga Alzheimer es el que se permita que tantos miles de personas mueran de hambre al día, o que no tengan agua potable, o que sean explotados sexual o laboralmente. Mi madre ha tenido una vida muy, muy, muy buena. Y la calidad de vida que se le da y de la que puede disfrutar, es incalculable y a muchos ya les gustaría tenerla. Aún enferma, es afortunada. Y sí tiene Alzheimer, pero sigue siendo un ser humano aunque su mente se riga por otros parámetros o se vaya borrando como un disco duro de presente a pasado, haciendo una perfecta involución y retroceso a la niñez, inocencia y posterior inconsciencia. Sin consciencia no hay dolor. En ellos, almenos.

Ha tenido una vida digna, tendrá un proceso digno y morirá dignamente. Y su vida en sí, como un círculo perfecto que se traza entre nuestro nacimiento y nuestra muerte, por el simple hecho de representar una parte de la existencia en sí, es bella aún con Alzheimer.

Fuente imagen: Stock.xchng

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